16-09-08Desde el origen de las poblaciones hasta nuestros días el ser humano siempre tuvo un cimiento angelical que lo resguarda de sus temores cotidianos, con la irrupción de las huestes hispanas en el ande con dioses tutelares fácticos, reales y visibles, se convirtieron a punta de lanza y espada en resignados creyentes de otras costumbres, aunque muy en el fondo renegaban del intruso catolicismo, hoy santos y vírgenes son sus protectores.
La otrora Santa Iglesia, que fuera centralizada en el obispados defensores acérrimos de los derechos humanos hoy languidece por presiones externas y cambiando de rumbo deliberadamente por obra pastoral de los actuales obispos del gran Sur Andino, de éste disloque, los ciudadanos otrora defensores de la feligresía católica, hoy parecen estar migrando a otras creencias.
La espiritualidad es fundamental para las personas, a lo largo y ancho del territorio nacional, sinuosa labor de la fe católica, hizo que los ciudadanos en cada festividad patronal, solamente rinda culto máximo al Dios Baco, entregando sus demacradas expectativas espirituales a la diversión mundana, los concursos de danzas, festivales musicales y concentraciones son los más esperados, en éstos eventos desapareció por completo la ritualidad pomposa de otrora, las celebraciones eucarísticas se hacen aburridas y pasados de moda, solamente los ciudadanos que peinan canas y menores de edad parecen interesarse por las liturgias, y el resto piensa en las banalidades terrenales como en el maquillaje, trajes, pareja, alimentación, dinerito extra para embriagar el espíritu, etc.
Es menester señalar que el soporte moral que otorga la iglesia, cualesquiera que sea su fundamento (católica, testigos de Jehová, mormones, adventistas, etc.) es básico, porque el trabajo espiritual cimienta la moralidad social, caso contrario los albores del desquicio están cada vez más focalizados, solamente un ejemplo, en los reportes policiales de la ciudad de Juliaca, se puede notar que por noche existe por lo menos una persona fallecida, ya sea a manos de malandrines, drogadictos, ebrios, desquiciados y las autoeliminaciones no se dejan esperar, el nivel tan bajo está calando las sociedades, precisamente porque existe un divorcio entre el mundo material con lo espiritual.
Recordamos con añoranza los festivales católicos y la cercanía con la población de Monseñor Jesús Mateo Calderón Barrueto, que hoy camina lentamente en sus aposentos de retiro, esa mística de trabajo cuasi personal, orientados a las organizaciones juveniles católicas en los quehaceres de éste tiempo y coexisistiendo con los usos y costumbres ancestrales, esa armonía entre la idolatría a los apus tutelares andinos y la inserción nefasta de la cruz y la Biblia a punta de espada.
Éstas líneas de reflexión sirvan para que la comunidad católica de Ayaviri que celebra a la santísima patrona Virgen de Altagracia, derrame sus bendiciones sobre su pueblo enfermizo, a falta de un guía espiritual, haga reflexionar al representante terrenal del supremo hacedor y en la celebración eucarística no solamente se peroren anomias sino esperanza de vida en éste mundo que cada vez más está inundado de miseria moral y material. Recordemos, el trabajo espiritual es fundamental y de ése fundamentalismo tenemos que agarrarnos para no ser otros desquiciados trotamundos.